jueves, 31 de octubre de 2013

Boquerones fritos




Hace años, en mi pueblo había pescadores de los que salían a faenar por las noches en su propia barca a motor.  Barcas viejas y oxidadas, de pequeñas dimensiones, pintadas y repintadas de diversos colores que solían llevar algún nombre femenino en un lateral de la proa. Todas regresaban a puerto, con las primeras luces del alba, cargadas de pescado.

Recuerdo los veranos de niña, cuando por las mañanas íbamos hasta la orilla de la playa con intención de darnos un buen chapuzón y a jugar haciendo hoyos y castillos en la arena. Entonces se podían ver las barcas inertes. El olor a pescado y salitre que desprendían era sumamente penetrante, potenciándose aún más por el calor del sol que ya empezaba a calentar sobre nuestras cabezas.

Los pescadores se veían fuertes y rudos, todos curtidos por el sol.  Hombres de mar con los pantalones arremangados hasta la rodilla que a media mañana ya habían seleccionado la pesca, la cual descansaba en sus correspondientes cajas de madera o plástico. 

Numerosos curiosos, entre ellos los niños, nos agrupábamos alrededor de tal espectáculo tratando de adivinar qué especie de pez, crustáceo, o cefalópodo era cada uno de los bichos que veíamos moverse sin parar en el interior de las cajas. En el Mediterráneo se pescaba, y se pesca, calamar, gamba blanca, coquinas, lenguados de playa, pajel, cangrejos... Pero también traían algún que otro pececillo el cual se me hacia imposible identificar.

Me encantaban las coquinas. Una especie de almeja muy fina de forma alargada que yo comía cruda. Son de agua poco profunda, con lo cual los niños las cogíamos con el rastrillo en la misma orilla de la playa. Las solíamos mantener vivas, en el interior de un cubo con agua de mar, hasta que llegábamos a casa para convertirlas en un rico aperitivo. 

Algunos adultos iban con sus bolsas a comprar pescado a pie de barca. Los pescadores o sus parientes cercanos también vendían el pescado en la calle de puerta a puerta. Para ello se servían de un pequeño y cómodo carro. Las piezas más importantes a menudo ya las tenían apalabradas con el dueño de algún restaurante del vecindario, las cuales pasaban directamente a formar parte del menú del día. 

Era un divertimento cocinar los lenguados de playa recién pescados. A pesar de que ya estaban muertos  cuando se ponían en la sartén se enrollaban sobre si mismos y no había manera de freírlos bien. Los cangrejos se usaban para hacer sopa de pescado. Cuando los veíamos moverse daban ganas de jugar con ellos. El pajel a la brasa... Los calamares a la romana, tan tiernos... No recuerdo haber visto en las barcas piezas de pescado exageradamente grandes,  probablemente porque tampoco pescarían demasiado lejos de la costa.

Leí hace poco que en el barrio de la Barceloneta aún existe un pescador que vende su pescado en una esquina de la calle, pero sospecho que puede ser más una leyenda urbana que otra cosa. Además actualmente en la city está prohibida la venta ambulante de alimentos con lo cual si lo pillaran puede que la broma le saliera bien cara.

Actualmente los comercios se abastecen en Mercabarna donde depositan sus mercancías cada día montones de camiones frigorífico con pescado procedente de todas partes del mundo. Pero en el Baix Llobregat también consumimos pescado que viene directamente de la lonja de Vilanova i la Geltrú, puerto situado a escasos 40 minutos de Barcelona capital. 

El pescado del Puerto de Vilanova es muy apreciado en toda la Comarca ya no solo por su frescura sino también por su excelente calidad. Todos los días, sobre las siete de la tarde, la gente hace cola en las pescaderías de sus barrios esperando la mercancía fresca de este famoso rincón de la costa mediterránea.

El pescado azul también se da muy bien en el Mediterráneo, sobre todo en el sur de España. En Cataluña destacan por su sabor y finura las anchoas del Golfo de Roses y de L´Escala, así como la sardina de Palamós, de la Costa Brava,  muy rica en especies marinas, como podéis ver aquí.




Y ahora que menciono el pescado azul, ¿Qué os parece si hacemos unos boquerones bien frescos fritos a la andaluza? 

Ingredientes

Boquerones
Harina blanca de trigo
Sal
Pimienta negra
Aceite de oliva suave

Para la ensalada

Tomates de huerta
Orégano 
Ajo
Sal
Aceite de oliva virgen
Paté de olivas (Olivada)
Pan blanco 

Después de quitar la cabeza y la tripa, condimentar con sal y pimienta negra.  Quedan muy bien si echáis harina blanca de trigo en un bote. Introducir los boquerones y voltear para que se impregnen de ella. Sacudir el sobrante antes de freír.

No dejéis los boquerones mucho tiempo en la harina, es preferible hacerlos al momento.

Poner al fuego una sartén con aceite de oliva. Cuando esté caliente freír los boquerones, sin cargar mucho la sartén. Dorar por los dos lados y escurrir en un poco de papel de cocina. Probar uno y si le falta sal poner un poco más inmediatamente después de salir de la sartén.

Como acompañamiento, tomate maduro pelado cortado a dados (podéis quitar las semillas si lo deseáis), condimentado con sal, ajo muy picado, y orégano fresco. Aliñar con aceite de oliva virgen extra. 

Servir la ensalada de tomate encima de una rebanada de pan blanco ligeramente tostada. Completar con una cucharada de paté de olivas negras (olivada)





3 comentarios:

  1. Están riquísimos los boquerones fritos, sobre todo cuando son recién pescados.
    Besos guapetona.

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  2. A mi el pescado tambien me encanta ,como bien dices sera que las personas que vivimos al lado del mar nos "tira " mucho y los boquerones ( aqui los llamamos bocartes ) me los comeria dia si y dia tambien ,son tan ricos
    besinos

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  3. Qué ricura! Aquí también los hacemos mucho y los tenemos buenísimos aunque los llamamos bocartes. Me ha gustado mucho la historia que cuentas de tu infancia. Así te conocemos un poquito más. Un beso

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Gracias por vuestros comentarios y observaciones. Todos y cada uno de ellos son bien recibidos, y tenidos en cuenta. Gracias también por tener la generosidad de transmitir a través de vuestros blogs todos esos conocimientos que me han sido tan útiles para mejorar, y seguir aprendiendo.
También mi más sincero agradecimiento a todos esos anónimos aficionados a la cocina que dedican parte de su tiempo a ver mis recetas. Espero que la visita les pueda ser de utilidad.
Un beso, y un abrazo grande a todos.